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viernes, 14 de octubre de 2011

Ahora resulta que soy "Caballero Poeta"

El pasado 8 de octubre, tras la ceremonia de entrega de premios del 7º Certamen de Narrativa Breve "Relat@s en el canal" y del VI Certamen "Poemas sin Rostro", que convoca la Asociación Canal-Literatura, ceremonia que tuvo lugar como cada año en Murcia, recibí un homenaje por parte de los organizadores y fui distinguido con el título de Caballero Poeta, algo que suena muy bien y que por otra parte supone una gran responsabilidad, porque me compromete a ser digno cada día de mi vida de llevar tan pesada carga sobre mis espaldas.
Aunque uno no es muy partidario de andar presumiendo de lo que no es, ni de airear los éxitos (y tampoco los fracasos, por supuesto), siempre se agradece ese gesto, y para recordarlo, escribí al día siguiente un poema titulado precisamente "Caballero poeta", y que dice así:

Tras pronunciar mi nombre subí al estrado
bajo una extraña lluvia de aclamaciones,
de aplausos, de sonrisas, de rostros cómplices
que me alzaban de pronto de entre las sombras.

“Caballero poeta”, me proclamaban,
a mí, que apenas puedo hilar dos versos,
que tuve la osadía de compararme
una vez con Machado y hasta con Lope.

Y dije unas palabras –qué cosas dije,
es mejor no acordarse, de nada vale-,
mientras todos los flashes me perseguían
y en el Parnaso incluso cundió la alarma.

Fui armado “caballero”, pero ¿ahora qué?
¿He de blandir mis versos como un Quijote,
o enamorar princesas, matar dragones
y deshacer entuertos con pluma en mano?

Caballero Poeta... qué enorme título,
cuánto envase y, en cambio, qué poca esencia.
Pero, acepto este reto, y desde hoy mismo
juro que he de lucirlo cada mañana.

Por cierto, también me dieron una bonita placa para que conserve siempre un recuerdo de aquel momento inolvidable.

lunes, 20 de julio de 2009

Impresiones de otra entrega de premios

Dicen los tópicos que segundas partes nunca fueron buenas, pero cuando se trata de una entrega de premios literarios, y más en concreto del Certamen “Poemas sin Rostro”, uno está encantado de repetir un año más entre los finalistas y se siente una emoción especial por haber conseguido colarse entre ese puñado de privilegiados, tal como me sucediera hace dos años.
Fue en diciembre cuando se hizo pública la relación de poemas seleccionados en la IV edición del certamen, y tras seis meses de espera, acudía a Murcia el pasado día 4 de julio con la tranquilidad que proporciona el sentir que, pasase lo que pasase al final, se había cumplido sobradamente el objetivo inicialmente marcado.
Así que me propuse disfrutar de la cena en compañía de mis amigos, saludar a viejos conocidos, y enriquecerme intelectualmente al lado de tantos y tan cualificados asistentes al acto. Y por supuesto, como es consustancial en esta clase de actos, tenía además la remota esperanza de que el maestro de ceremonias encargado de leer la plica pronunciase mi nombre, aun a sabiendas de que la competencia iba a ser, como siempre, enorme.
La cena discurrió animadamente y las viandas desfilaron por las mesas haciendo las delicias de los más voraces, entre los que me incluyo, y luego de dar buena cuenta de las mismas llegó el momento más caliente de la noche. Emoción, nervios, caras de póker, discursos ensayados “por si las moscas”, cruzamiento de dedos, roces de medallas milagrosas y de amuletos infalibles. Se comienza por el certamen de poesía, el único en el que tengo opciones: el nombre del tercer clasificado cae como una bomba (para mí era favorito indiscutible). Sálvese quien pueda; a partir de ahora cualquier cosa puede suceder. Pero no he de esperar mucho, porque casi sin interrupción se desvela en nombre del clasificado en segundo lugar: Urrutia’s lover, es decir, Juan Ballester, o sea, yo mismo.
La alegría interior me desborda por completo, y subo al estrado a recoger el trofeo conmemorativo. Fotografías, sonrisas, aplausos, cientos de pensamientos que desfilan por mi mente, fantasmas que se desvanecen, felicitaciones de diversos asistentes, unos segundos de gloria hasta que se pronuncia el nombre del ganador absoluto y quedo en un confortable segundo plano. Es mucho más de lo que hubiera imaginado.
La ceremonia sigue: entrega de los premios de narrativa y del premio especial, sorteo de diferentes obsequios, copa y baile. Y luego, por las calles de Murcia, más baile y más felicitaciones. La noche es más hermosa que nunca; la compañía, inmejorable, y cuando por fin llego a la habitación del hotel, las manecillas del reloj marcan las seis y pico de la madrugada y ya está amaneciendo. Agotado, pero víctima de una extraña felicidad.

Y es que la vida, a veces, nos depara momentos inolvidables.

Juan Ballester (Urrutia’s Lover)

viernes, 10 de julio de 2009

Los celos premiados

Estuve el pasado fin de semana en Murcia para asisitir a la entrega de premios del IV certamen "Poemas sin rostro" que convoca el Canal Literatura del Irc-Hispano.

Mi poema era uno de los diez finalistas, y aunque la competencia fue dura, el jurado decidió que el mío merecía un lugar en el imaginario podium, por lo que tuvo el detalle de otorgarle el segundo premio.

Gracias a todos los que me habeis felicitado personalmente y ánimo y suerte para todos los que esta vez se quedaron a las puertas. Fue un placer compartir con todos ellos una noche mágica e intensa.

Este es mi poema, que competía bajo el seudónimo de Urrutia's Lover:


Escena de celos

Cometió la osadía
de agrupar en un libro diferentes poemas
que hablaban de mujeres diferentes,
de amantes y de amigas y de novias incluso,
de Lauras y de Antonias y de Merches y Anas.

Y luego sucedió
que llegaron los celos, las disputas.
Patricia, muy ufana, mostraba sus metáforas,
Luisa le respondía
con dos sonoros versos pareados,
mientras Marta, al acecho,
se agrupaba el cabello en perfectas estrofas.

"Yo fui el primer amor", declaraba Paquita
instalada en un trono de juveniles versos.
"Yo le hice madurar", replicaba Almudena
encaramada al borde de un par de alejandrinos.
"A mí me idolatraba",
sentenció en verso libre la pícara Isabel.
"Y a mí me quiso más", dijo Marisa
envuelta en un soneto.

Y en el medio de aquella algarabía
se alzó una voz, un canto de sirena
de una mujer sin nombre:
"Pues yo le desprecié, yo fui su ruina".

Y el silencio se hizo de repente
y el frío se extendió como una losa
por las dolientes páginas de aquel libro olvidado.

martes, 23 de junio de 2009

Un premio en directo

Artículo escrito en 2006 con motivo de serme concedido el 2º Premio en la II edición del Certámen “Poemas sin Rostro”, que convoca el canal Literatura del Irc-Hispano

Eso de escuchar las ceremonias de entrega de premios en directo, cuando uno mismo es parte implicada en ello, suele traer mala suerte. Es como ir al salón de loterías y apuestas del Estado a ver cómo los niños de San Ildefonso cantan el gordo pretendiendo que éste coincida con el número del billete que llevas en el bolsillo. Eso nunca sucede así.

Además, no se sabe qué es peor. Si resultas elegido, parece que has ido para buscar el elogio fácil, la palmadita cariñosa de tus compañeros y/o amigos, o para restregárselo por la cara a algún envidiosillo, que de todo hay en la viña del Señor; parece que quieres alimentar tu ego y darte un baño de multitudes. Pero si tomas la decisión contraria, la de no asistir al evento, y optas por enterarte después, cuando ya todo ha pasado, lamentarás haber perdido una oportunidad única en tu vida.

Confieso que aquella noche no tenía ninguna esperanza de que mi seudónimo fuera pronunciado -tecleado debería decir- por el presidente del jurado del II Certamen “Poemas sin rostro”. Ya había sido un milagro pasar el corte y haber quedado entre los diez finalistas, habiéndose presentado 350 poemas a concurso. Mi soneto titulado “Poema de la mediocridad” ya había cumplido su ciclo vital, había obtenido un dignísimo puesto de finalista. Pero, ay, un soneto, en estos tiempos que corren de verso libre, de prosa con tijeretazos, de todo vale, un soneto, digo, era un lastre demasiado pesado en medio de ese puñado de poemas privilegiados.

La competencia era muy dura, además. Mis favoritos desde el principio eran Zyriab y SieteG, pero cualquiera de los otros siete podía también llevarse el galardón. Mi poema, haciendo honor a su título, quedaría seguramente clasificado en mitad de la tabla, sin pena y sin gloria, o como diría Miguel Mihura, ni pobre ni rico, sino todo lo contrario.

Hacia las nueve entré al canal con mi nick habitual, ‘madrigal’. Preferí emplear éste que el utilizado como seudónimo en el concurso. Lo contrario hubiera parecido una presunción por mi parte, un llamar la atención innecesariamente. Y en seguida comenzó la entrevista con Vicente Gallego. Las preguntas iban sucediéndose sin prisa pero sin pausa, y el fallo del jurado se hacía de rogar, o al menos a mí me lo parecía. Me vino a la memoria el currículo literario que había mandado apenas unos días antes. Bueno, más que un currículum parecía un ridículum, porque había puesto en él demasiadas tonterías, (que si Greta Garbo, que si las chicas del instituto... en fin, qué vergüenza) y eso daba una imagen poco seria de mí… Pero ya estaba hecho, menos mal que la cosa no llegaría a mayores. Alguien tenía que ser la oveja negra, alguien tenía que poner el toque humorístico entre tanto premio y accésit y mención especial y bla bla bla.

Y por fin el momento culminante. Con cierta solemnidad se empiezan a anunciar los tres poemas/poetas que van a ocupar un lugar en el podio. Tercer premio, para SieteG, por su Apunte para un poema de 60 versos. Cantado, no me coge de sorpresa, yo mismo lo elegí hace semanas en la votación del público. Gran poema. Merecidísimo. Nada que objetar, desde luego. Me alegra que el jurado haya coincidido conmigo en este punto.

Casi sin dar respiro Carlos Marzal anuncia el segundo premio. Poema nº 66. Seudónimo: Flor de un día. Título: Poema de la mediocridad.

¡Ostras! El mío. Ese es mi seudónimo, mi poema, ese soy yo, saliendo de la mediocridad, emergiendo a la superficie desde las profundidades abisales. Y escucho -o por mejor decir, leo- las razones que el jurado aduce para premiarlo: “En este caso, es un magnífico soneto, que demuestra un espléndido conocimiento de la tradición y un completo dominio de la forma". Y añaden algo así como “Tiene doble mérito, porque hay que echarle valor para escribir sonetos en el siglo XXI”. Bufffff, qué cosas tiene que leer uno.

No lloro. No me desmayo. No me pongo a dar saltos. Simplemente me quedo como paralizado, perplejo. Resbalo por la silla, mientras espero el veredicto final, el nombre del ganador absoluto. Ojalá fuese quien yo deseo, y mi felicidad sería completa, pero no, en seguida disparan un número, el 51, y un nombre, Seth, y un título “Ya no vuelvo a morir”. Otro gran poema. Igualmente merecidísimo. Y además resulta que este Seth no me es del todo desconocido, y lo encuentro agazapado, camuflado entre la lista de usuarios conectados al Canal Literatura. Lo felicito en privado; no me contesta, quizá no esté delante de la pantalla en ese momento.

Recibo algunas felicitaciones de conocidos que han asistido a la ceremonia; varios de ellos también habían participado en el certamen, aunque no habían tenido suerte. Siento un regusto extraño en los labios, una mezcla de deber cumplido y de usurpación de una gloria que sin duda alguien se merecía más que yo.

A los pocos minutos, recibo una llamada telefónica. Ni que hubiese ganado el Nobel. Pero no es el rey, ni Rodríguez Zapatero, no. Es un amigo que ya se ha enterado de lo del premio, hay que ver cómo vuelan las noticias. A este paso, mañana salgo en primera plana en todos los periódicos.


Y dicho esto, aquí dejo el poemita de marras:

Yo nací, como todos, pobre y frío,
un domingo cualquiera de verano;
me arrojaron al mundo, y en mi mano
no pusieron ni un pan, sólo el vacío.

Nací para ser piedra, o tal vez río,
nací llorando ya, desde temprano,
y temo que mi llanto será en vano
lo mismo que es en vano mi albedrío.

Yo nací con el gris por compañero,
con la mediocridad como estandarte,
con el dolor anónimo en las venas.

Yo nací sin timón y sin sendero,
sumido en un silencio que me parte
los sueños de cristal que soñé apenas
.

© Juan Ballester