I
CERTIFICADO DE DEFUNCIÓN
Y se abrirá la puerta de repente
y alguien -vaya mal trago- dará un grito.
Y allí estaré, mirando al infinito
con las manos vacías y la mente.
Y sonará un teléfono: es urgente.
Y se preguntarán si fue un delito.
Ninguna explicación, ningún escrito:
un muerto, sólo un muerto, solamente.
Y vendrán del juzgado, harán preguntas,
llenarán expedientes, querrán huellas
y ocuparé un espacio en un diario.
Y, oculto el rostro y con las manos juntas,
mirando sin mirar a las estrellas
se llenará de ausencia el calendario.
II
AUTOPSIA
Cuando el forense llegue y se haga cargo
de mi cuerpo desnudo, sin careta
no encontrará otro indicio, sin embargo,
que el de haber pretendido ser poeta.
Ni violencia, ni rastros de veneno,
ni señales ni marcas sospechosas:
ese cuerpo desnudo estará lleno
de amor, de paz, de sed, de fuego y rosas.
Cuando me corte con sus manos diestras
y analice las vísceras y venas
sólo hallará, por más que tome muestras,
versos ocultos, risa, llanto y penas.
Y tendido en la mesa, muerto y frío,
con un trapo cubriendo mis despojos,
concluirá que morí de desvarío
y lentamente cerrará mis ojos.
CERTIFICADO DE DEFUNCIÓN
Y se abrirá la puerta de repente
y alguien -vaya mal trago- dará un grito.
Y allí estaré, mirando al infinito
con las manos vacías y la mente.
Y sonará un teléfono: es urgente.
Y se preguntarán si fue un delito.
Ninguna explicación, ningún escrito:
un muerto, sólo un muerto, solamente.
Y vendrán del juzgado, harán preguntas,
llenarán expedientes, querrán huellas
y ocuparé un espacio en un diario.
Y, oculto el rostro y con las manos juntas,
mirando sin mirar a las estrellas
se llenará de ausencia el calendario.
II
AUTOPSIA
Cuando el forense llegue y se haga cargo
de mi cuerpo desnudo, sin careta
no encontrará otro indicio, sin embargo,
que el de haber pretendido ser poeta.
Ni violencia, ni rastros de veneno,
ni señales ni marcas sospechosas:
ese cuerpo desnudo estará lleno
de amor, de paz, de sed, de fuego y rosas.
Cuando me corte con sus manos diestras
y analice las vísceras y venas
sólo hallará, por más que tome muestras,
versos ocultos, risa, llanto y penas.
Y tendido en la mesa, muerto y frío,
con un trapo cubriendo mis despojos,
concluirá que morí de desvarío
y lentamente cerrará mis ojos.
III
ENTIERRO
La negra comitiva partirá a la hora en punto
-un coche y otro coche, y otro más, y otro coche-.
Muchos no habrán dormido por culpa de este asunto
y yo estaré en la noche.
Carretera, silencio, flores y caras largas,
lágrimas contenidas y la tierra a puñados
cayendo como lluvia, como sordas descargas
sobre mis pies cansados.
Será el último adiós, la postrer despedida
de aquello que no tuve, de lo que no hizo falta.
Me quedará el silencio de mi voz malherida
que no se sobresalta.
Y para recordar que existí, que fui polvo,
que fui materia viva agrisada y confusa,
el que viste de negro me dirá: "Ego te absolvo"
con esperanza ilusa.
y IV
FUNERAL
Se llenará la iglesia de nombres conocidos,
de allegados, parientes y hasta rostros anónimos,
y ocuparán los bancos entre silencio y ruidos
en un templo cualquiera, no Almudena o Jerónimos.
Con calor sofocante, o quizá en pleno invierno
se irán distribuyendo esos pocos amigos;
algunos rezarán, pensarán algo tierno
y otros, los más, callados, serán mudos testigos.
Y luego, como siempre, la misa, los sermones,
tópicos repetidos, palabras ya gastadas,
plegarias por mi alma, cánticos y oraciones,
apretones de manos, resignación, palmadas.
Y al fin se irán marchando los pésames y lloros,
y yo estaré ya lejos, rumbo hacia los ancestros,
allí donde no llegan los ecos de los coros
de las salves y glorias y de los padrevuestros.
© Juan Ballester
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