Importancia del soneto en la literatura occidental (V)
- Por permitir todos los temas y todas las formas de expresión. Fernando de Herrera, en sus citadas «Anotaciones a Garcilaso», señaló que el soneto es "capaz de todo argumento", si bien aconseja que su asunto sea de la suficiente categoría como para merecer expresarlo en esta estrofa.
En efecto, en el denominado «manuscrito Chacón» que recoge la poesía de Góngora (y que fue supervisado por el propio poeta), los sonetos de éste se agrupan en una serie de categorías temáticas, válidas igualmente para toda la poesía del Siglo de Oro e incluso de épocas posteriores: sacros, heroicos, morales, fúnebres, amorosos, satíricos, burlescos y varios. Vemos pues la amplitud de temas a que el soneto puede estar vinculado.
El soneto es desde luego una manifestación poética encuadrada dentro del género lírico, a pesar de que ya Shakespeare («Romeo y Julieta», acto I, escena V) introduce un soneto recitado por sus dos protagonistas (1º cuarteto Romeo, 2º Julieta, y los tercetos un verso cada uno en forma alternativa) y que durante el Siglo de Oro español, y sobre todo a partir de Lope de Vega, podemos encontrar sonetos diseminados a lo largo y ancho de muchas obras dramáticas. Pero estos sonetos "dramáticos" presentan características peculiares dentro del contexto de la obra en que se incardinan y suelen estar perfectamente delimitados, tanto en su forma como en su fondo. En su forma, porque a menudo se configura como una escena independiente, y casi siempre con un único personaje en el escenario o a lo sumo con dos o tres, pero en este caso adoptando el resto una actitud pasiva, de espectadores. El que lo recita (o en su caso lo lee papel en mano) no suele ser interrumpido, ni la rima del soneto se mezcla con la de los versos inmediatamente anteriores o posteriores al mismo. A excepción de algunos sonetos con eco, solo se ha encontrado un ejemplo de soneto en el que un verso (concretamente el último) es recitado por más de un personaje: el que comienza "Amor, que nunca mira lo que es justo", perteneciente al tercer acto de «Angélica en el Catay», de Lope. Y otro caso en que el soneto ("Buen Conde, bien será que te consueles") es recitado por un personaje y un coro alternativamente (en «Nise laureada», de Jerónimo Bermúdez). También es cierto que a veces algún otro personaje en escena puede interrumpir su recitado para hacer comentarios al mismo (así, en «El Misántropo», de "Molière"), o incluso plantearse "duelos" en donde dicho segundo personaje, a modo de réplica, recita a continuación otro soneto (como en «Los novios de Hornachuelos», de Lope), pero en todo caso se trata de singularidades muy concretas, casi anecdóticas. Lo habitual como digo es que el soneto que se inserta en una pieza teatral aparezca aislado del resto del texto, sin perder desde luego su carácter de poema lírico.
Y respecto al fondo, el soneto "dramático" también queda delimitado al tratarse de un monólogo de importancia crucial en el desarrollo de la trama, que actúa como reflexión en voz alta de un personaje principal o como resumen o lección moral que se desprende de lo hasta entonces representado. Este papel lo puso de relieve Lope de Vega en su «Arte nuevo de hacer comedias», al afirmar que "el soneto está bien en los que esperan". Vendría pues a desempeñar en estas obras dramáticas un papel similar al que ejerce el coro en la tragedia griega.
El soneto apenas aparece en cambio en los grandes poemas épicos, debido a las especiales características de esta clase de obras, a lo que se une la escasa o nula relevancia que este género de poesía tiene en los últimos siglos. Aún así, Ariosto incluyó algunos en su poema «Orlando furioso», y también, en cierta medida, cabe calificar como épicos a una buena parte de los sonetos de carácter heroico o laudatorio.
Igualmente puede abarcar el campo de la poesía didáctica y panegírica; incluso ha servido a veces como vehículo para desarrollar asuntos banales, groseros y pornográficos, como es el caso de los «Sonetos lujuriosos», de Aretino.
Por otro lado, por lo que se refiere a la forma de expresión, el soneto puede estar enunciado en forma narrativa, descriptiva, e incluso dialogada, sin perder por ello su carácter de poema lírico.
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