martes, 16 de septiembre de 2008

Tipología del soneto (XX)

TEMÁTICA DEL SONETO

II.- EL SONETO ERÓTICO (I)

El amor sensual también ha tenido su lugar más o menos amplio a lo largo de toda la poesía tanto en España como en otros países. Rodeados de un aura de prohibición y estigmatizados por un abierto e hipó­crita recha­zo social, esta clase de versos han sido muy escasa­mente difundidos y a menudo de forma clan­destina.
Los sonetos, y por supuesto los romances, coplas y otra clase de poesías que durante el Siglo de Oro se ocupan del tema, son casi siempre de autores anónimos aun cuando pueden haber sido atribuidos, sin fundamento alguno, a ciertos poetas de renombre (Quevedo, Góngora, etc.). De hecho, los únicos sonetos de esta clase cuya autoría parece innegable, son los salidos de la pluma de Pietro Aretino, en el s. XVI.
En épocas más recientes (finales del s. XIX y s. XX), una vez levantado el velo de pudor que recorría la sociedad y la literatura, se han seguido escribiendo sonetos amatorios de tono más o menos subido, inclu­so pornográficos, pero sus creadores ya han podido sacarlos a la luz sin tener que enmascarar su identi­dad tras un seudónimo.
La calidad de estas composiciones muchas veces es discutible, si bien en no pocas composiciones hay versos que demuestran un conocimiento del oficio por parte de su creador, y en donde se aprecia una cierta gracia e ingenio dignos de ser tenidos en cuenta a pesar de su carácter obsceno o desenfadado.
Abundan las rimas burlescas, y en cuanto al lenguaje, algunos poemas se expresan crudamente, sin tapujos, y otros parecen evitar las palabras tabúes mediante el empleo de alusiones o voces que permiten dos inter­pre­taciones, una literal y otra sugerida por el contexto.



* El deseo carnal

Bésame, espejo dulce, ánima mía,
bésame, acaba, dame este contento,
y cada beso tuyo engedre ciento,
sin que cese jamás esta porfía.

Bésame cien mil veces cada día,
porque, encontrando aliento con aliento,
salgan de aqueste intrínseco contento
dulce suavidad, dulce armonía.

¡Ay, boca, venturoso el que te toca!
¡Ay, labios, dichoso es el que os besa!
Acaba, vida, dame este contento,

y dame ya ese gusto con tu boca.
Bésame, vida, ya, si no te pesa,
aprieta, muerde, chupa, y sea con tiento.

(Anónimo s. XVI-XVII)

* * *

- ¿Qué me quiere, señor? - Niña, hoderte.
- Dígalo más rodado. - Cabalgarte.
- Dígalo a lo cortés. - Quiero gozarte.
- Dígamelo a lo bobo. - Merecerte.

- ¡Mal haya quien lo pide de esa suerte,
y tú hayas bien, que sabes declararte!
Y luego ¿qué harás? - Arremangarte,
y con la pija arrecha acometerte.

- Tú si que gozarás mi paraíso.
- ¿Qué paraíso? Yo tu coño quiero,
para meterle dentro mi carajo.

- ¡Qué rodado lo dices y qué liso!
- Calla, mi vida, calla, que me muero
por culear tiniéndote debajo.

(Anónimo s. XVI-XVII)


* El juego amoroso

Primero es abrazalla y retozalla,
y con besos un rato entretenella.
Primero es provocalla y encendella,
después luchar con ella y derriballa.

Primero es porfiar y arregazalla,
poniendo piernas entre piernas della.
Primero es acabar esto con ella,
después viene el deleite de gozalla.

No hacer, como acostumbran los casados,
más de llegar y hallarla aparejada,
de puro dulce, creo, da dentera.

Han de ser los contentos deseados;
si no, no dan placer ni valen nada;
que no hay quien lo barato comprar quiera.

(Anónimo s. XVI-XVII)

* * *

Rapándoselo estaba cierta hermosa,
hasta el ombligo toda arremangada,
las piernas muy abiertas, y asentada
en una silla ancha y espaciosa.

Mirándoselo estaba muy gozosa,
después que ya quedó muy bien rapada,
y estándose burlando, descuidada,
metióse el dedo dentro de la cosa.

Y como menease las caderas,
al usado señuelo respondiendo,
un cierto saborcillo le dio luego.

Mas como conoció no ser de veras,
dijo: "¡Cuitada yo! ¿Qué estoy haciendo?
Que no es ésta la leña deste fuego".

(Anónimo s. XVI-XVII)

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