lunes, 23 de febrero de 2009

Pero se fue sola

Pero se fue sola ...
Se alejó con el primer viento
de la mañana,
sin tiempo de despedirse.
Se alejó en silencio,
casi de puntillas.
Nadie lo supo nunca,
nadie se lo explicó nunca,
nadie ... nunca ...

Pero se fue sola,
como el eco de las caracolas,
como el rojo de las amapolas,
como el rumor de las olas ...
Su equipaje, apenas dos bolsillos
repletos de nada,
apenas dos lágrimas contenidas
al borde de sus ojos.
El sol ni siquiera había salido,
tampoco quiso verla,
tampoco quiso asistir a su fuga
tal vez por vergüenza o por cobardía.

Pero se fue sola.
Ahora nadie la recuerda,
ni siquiera las calles estrechas
que la vieron jugar,
ni siquiera la parada del autobús
donde tantas veces esperó la suerte,
ni siquiera el horno con olor a pan recién hecho,
ni el tercer banco del parque
contando de izquierda a derecha,
ni tampoco el letrero oxidado de la esquina.

Tal vez los perros ...
sí, probablemente ellos aún la recuerdan.


© Juan Ballester

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