martes, 5 de mayo de 2009

El primer error de Obama

Leo con tristeza en varios medios de comunicación que en el homenaje realizado al legendario cautautor Pete Seeger con motivo de su 90 cumpleaños estaba prevista la presencia de Silvio Rodríguez, quien finalmente no pudo asistir al acto por no disponer de visado para entrar en los Estados Unidos, al habérsele denegado o no haberse agilizado lo suficiente los trámites necesarios para ello.
Sin embargo, a cualquier disidente del régimen castrista se le hubiera facilitado la entrada al país de inmediato, se le hubiera recibido con flores y fanfarrias y hasta se le hubiera impuesto alguna medallita de esas que tienen nombres tan sonoros. Y a lo mejor hasta algún alto cargo del Gobierno hubiera acudido al aeropuerto a recibirlo, con honores casi de alto mandatario mundial.
Silvio Rodríguez es por encima de todo un artista, un poeta, un hombre dotado de una fina sensibilidad para componer versos y canciones, un hombre con ideas propias al que los años han ido sosegando -cosa lógica por otra parte- y en ningún caso un Gobierno que presuma de liberal, de aperturista o de sensibilizado mínimamente con el arte y la libertad puede escatimar por razones ni políticas ni burocráticas la posibilidad de que participe en un homenaje que se brinda precisamente a alguien de la talla artística de Pete Seeger.
En fin, quizá le convendría a más de uno escuchar los últimos cinco o seis álbumes de Silvio, tan llenos de magníficas canciones, tan cuajados de hermosos versos y de melodías inolvidables y tan perfumados de la mejor poesía. Tal vez así ciertas mentes ancladas en el pasado se diesen cuenta de que hay algo más que revolución detrás de la obra del genial artista cubano.
Señor Obama, me parece usted un magnífico gobernante, el mejor de los posibles en este momento para su país y para el mundo entero, pero hay que sacarle ya la primera tarjeta amarilla. Ni Pete Seeger, ni la libertad, ni los ciudadanos de Estados Unidos se merecían un gesto así, y por mucho que se pongan parches ahora (porque a lo mejor ni hay una disculpa oficial, lo que sería más lamentable aún), ya no hay remedio. En Cuba quizá se violen algunos Derechos Humanos, pero en su país se acaban de violar de un plumazo un buen puñado de ellos.


© Juan Ballester

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